5.6.11

la Biennale


El arte por el arte no existe, al menos hoy en día. Si en algún momento logró la ansiada emancipación, en el siglo XXI ha vuelto a ligarse a otros aspectos de la sociedad, siendo el principal la política. Ésta se configura como una excusa para hacer arte, o quizás es el arte que ve en la política un sinfín de posibilidades expresivas y reivindicativas. Se trata de una tendencia al alza, que se ve claramente manifestada en la el Pabellón Italiano de la Bienal de Venecia de este año, precisamente en el 150 aniversario de la unificación italiana. La política italiana está tristemente relacionada con la corrupción y con la mafia, y de ahí surge el cartel de neón que se convierte en el leit motiv del pabellón (y que, a parte, recuerda a los carteles de Bruce Nauman que realizó allá por la década de los 60):

“My name as though it were written on the moon surface” (1968).


En la bienal, sin embargo, el lema dista de ser un “inocente” juego de palabras para convertirse en algo mucho más reivindicativo:

“L’arte non é cosa nostra” en el pabellón italiano.

Entiéndase, sin embargo, la metáfora. Al afirmar que se trata del leit motiv, no se quiere decir que todas las obras allá expuestas estén relacionadas con la mafia, sino al contrario. El espacio, diseñado por la arquitecta Benedetta Tagliablue, recrea un espacio doméstico con aires de almacén, cuya fuente de iluminación es el neón que afirma que el arte no es “cosa nostra” (apelativo que se refiere a la mafia siciliana). Las obras que en él se hallan son una selección realizada por personalidades e intelectuales italianos. Se trata, pues, de una reivindicación, de intentar crear una frontera entre aquello intelectual y la mafia, aunque para ello necesite recurrir a ella. Y bajo la luz de la “cosa nostra” surgen creaciones que nada tienen que ver con la mafia, que pretenden darle la espalda aunque ella siga allí.


Os dejamos con más imágenes:






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